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Otra Historia de Amor

Otra historia de Amor

 

Offir Damián Jaimes

 

Nicolás era un joven soltero como los que abundan por todos lados, pronto cumpliría los treinta años y a pesar de vivir en uno de los tantos pueblos grises y abandonados de la provincia, tenía su propia noción del mundo por ser asiduo a la Internet y un incansable lector.

Se había comido ya gran parte de su mundo creado y eso no lo satisfacía, libros  de Nietzsche, Goethe, Víctor Hugo y películas holiwoodenses le habían formado una personalidad encontrada, sus gustos, preferencias y vida, oscilaban entre un idealismo chegueveriano, que lo colocaba en su comunidad como un activista político, que alternaba con una extraña obsesión por escribir textos literarios de todo tipo, y un materialismo que manifestaba en lociones de Ralph Laurent, pantalones DOCKERS y camisetas Polo, todo eso sumado a una intensa vida en canta bares y cantinas  de mala muerte, que solo le dejaban claro su desorganizada vida y economía personal, al gastar más de lo que ganaba, o que es lo mismo, ganaba menos de lo que derrochaba, pero la vida le sonreía, sin tener ingresos fijos, siempre había trabajitos de cualquier cosa, de donde echar mano para seguir su estilo de vida que él llamaba su living la vida loca.

A pesar del hartazgo que da una vida llena de desenfrenos y de no tomar en serio nada, sentía que algo le faltaba a su vida, tenía una novia que apenas veía,  ella iba al pueblo de vez en cuando o cuando podía, porque trabajaba como maestra en la capital, llevaba más de cuatro años en una relación completamente distante, a la que se había acostumbrado, alguna vez  pensó que terminaría casándose con ella, y si no la hacía era por no tener un empleo fijo.  Por lo demás, las continuas parrandas y los amigos solo conseguían hacerlo sentir más solo, de lo que muchos no imaginaban, su aparente constante actividad social, lo mostraban como una persona feliz, pero por dentro se sentía solo e infeliz, y eso lo manifestaba una y otra vez en sus textitos que escribía para si mismo.

Nicolás tenía una conversación agradable y una particular forma de ver la vida,  sin proponérselo, mandaba a la fregada la cultura de vida que practicaban todos los que conocía, en los que el formalismo y materialismo predominan, o de lo que la mayoría  piensa, que solo una carrera profesional  garantiza el triunfo en la vida, para él, vivir como vivía era ya su mayor triunfo, en donde los mejores placeres eran aquellos en los que no tenía que gastar un peso, además de eso tenía un acentuado trauma machista muy al estilo de las canciones de José Alfredo Jiménez, por lo que llegaba a la conclusión de qué la vida no le valía nada.

En uno de sus tantos trabajitos que realizaba, fue contratado como fotógrafo de una campaña política; ni el partido ni el candidato eran de su preferencia, pero había tomado el trabajo porque era un ingreso para poder darse gusto con tragos de vodka  y sus marlboro´s blancos, de los que era un recalcitrante degustador.

Por ese trabajo, tuvo que ir a una tienda de fotografía a  revelar unos rollos, a una ciudad cercana al pueblo donde vivía. Entró de prisa y se paró frente al mostrador esperando que lo atendieran. Una chava que estaba de espalda se volteó rápidamente para atenderlo. Ambos sonrieron, y se sorprendieron.

-         ¡Qué onda!

-         ¿Qué haces?

Se dijeron simultáneamente y comenzaron a reírse, se saludaron de mano y con un beso en las mejillas. Era Mariana, a quien había conocido en una de las muchas escuelas a las que Nicolás había ido solo a matar el tiempo. Había ido a dar a esa escuela de casualidad, pensando en hacer algo con su tiempo, al que sentía que lo desaprovechaba por dedicarse demasiado a lo que él creía sus inútiles sueños.

Mientras esperaba el revelado de sus fotos, Nicolás estaba feliz, sonreía y conversaba con Mariana,  subiendo el tono de voz, iba de la alegría a la euforia, preguntándole de su vida,  y es que ella era la chava que más le gustaba en la escuela y  nunca le dijo nada, porque simplemente nunca se atrevió, pero a la que más textos escribió, alguna vez si le dijo que la quería, pero se lo dijo de una forma que Mariana pensó que se trataba de una broma, y es que a Nicolás sus amigos le reprochaban que nunca se sabía cuando hablaba en serio o en relajo. Muchas veces había platicado con ella pero nada mas como grandes amigos, Mariana era una mujer superespecial,  para él.

 Mientras platicaban, ella movía sus hombros de una forma  que podía sentirse su alegría. Aún conservaba esos ojos tristes de cuándo la conoció en la escuela, eran los ojos más expresivos que Nicolás había visto. Con tan solo verla a los ojos, él podía adivinar sus pensamientos o estado de animo. Mariana se comportaba en todo los sentidos de una forma original y divertida, tanto que podía llamársele excéntrica, su comportamiento era siempre inquieto y buscando siempre hacer todo con libertad,  de una forma compulsiva que contrastaba con su carácter calculador y seguro de si mismo de Nicolás.

Cuando Nicolás dejó la escuela, dejó todo, sus sueños e ilusiones, pero principalmente había dejado la posibilidad de saber si Mariana sentía algo especial por él, y nunca lo supo, hacía ya mas de dos años de eso,  hasta que de casualidad se la encontró en ese trabajo, para él fue una gran sorpresa encontrarla en el centro de revelado. Quiso preguntarle si tenía novio pero no se atrevió, a pesar de esperar por más de media hora sus fotos, no fue el tiempo suficiente para preguntarle si estaba bien, sentía unas ganas inmensas de decirle en ese momento que siempre la había querido y que no había podido olvidarla y si el tiempo había pasado era solo para hacer más fuerte su sentimiento hacia ella. Y es que un poco antes de dejar la escuela, Mariana se había comportado distante. Mas bien, lo esquivaba y dejó de dirigirle la palabra. Nicolás no podía entender que era lo que había pasado, durante el tiempo que estuvo en la escuela eran inseparables, iban a todos lados y la acompañaba a todas partes. Eran grandes amigos, se escuchaban, y se la pasaban siempre sonriendo y platicando cosas sin importancia que para ellos eran las conversaciones más agradables de sus vidas. Y de repente, ella había decidido alejarse, sin ninguna explicación. Y también Nicolás no tuvo tiempo de pedírsela, pocos días después dejó la escuela y se metió en sus ondas, olvidándose de todo, de la escuela y de todas las cosas que ello implicaba. Pero ese día, ni se acordó de eso, tampoco recordó que unos meses después de que dejó la escuela se acordó de Mariana y le llamó a su casa. Cuando llamó  estaba completamente borracho, había escuchado en su casa la canción Lamento boliviano de los Enanitos verdes y se acordó de ella, Mariana contestó el teléfono y él le reclamó porque se había alejado de él sin ninguna explicación. Ella solo se concretó a decirle que no se lo diría pero que era algo que le había dolido mucho y que no podía entender por qué él hizo eso. Por más que insistió, ella no  le dijo nada, y él le dijo que fuera lo que fuera, que lo perdonara, que el tiempo había pasado y que  no podía resistir que su vida continuara, teniendo su indiferencia. Y, en medio de su borrachera, aprovechó para decirle que la quería y que tan solo le pedía una oportunidad. Ella se negó en todo momento, y fue cuando a él se le ocurrió decirle:

-Dame la oportunidad de acercarme a ti... ¡Una en un millón!

Mariana se quedó pensativa, y le dijo:

- Okay, una entre un millón.

Para un tipo tan terco y solo como Nicolás, pensó que esa oportunidad era valiosísima. Pero después de que pasó la borrachera, se sintió apenado y no la buscó mas. Y ahí estaba otra vez frente a ella,  sintiendo una gran felicidad. Mariana le entregó sus fotos, llegó el momento de la despedida, intercambiaron nuevos números telefónicos, direcciones de correo electrónico y la promesa de agregarse como contactos en el messenger para poder chatear cuando la oportunidad se diera. Salió de la tienda como entró, de una forma apresurada para llegar a la parada de las urvan´s del servicio de transporte publico con destino a su pueblo. En la carretera, en su cabeza solo pasaban dos cosas, definitivamente Mariana no era un asunto olvidado y en todo ese tiempo no había conocido a nadie que pudiera comparar con ella, también pensó en que pudo haber sido aquello, por lo que ella se alejó de él, pero que ya pasado el tiempo, y por el encuentro reciente, parecía  que había olvidado ya.

Después de ese encuentro la comunicación fue incesante, a pesar de que los dos siempre tenían ocupaciones y que vivían a más de treinta kilómetros de distancia, la comunicación era continua, se enviaban e-mail´s, tarjetas de yahoo, él preguntaba de sus trabajos de revelado y ampliaciones y aunque no era necesario, hacia lo posible e imposible por estar en la tienda de revelado, con tal de verla y platicar con ella.

Una vez Mariana le llamó por teléfono, iban a ser a casi las doce de la noche y le dijo que le llamaba solo para saludarle y preguntarle como le iba,  a lo que él contestó como a todos cuando le hacían esa pregunta: se encontraba a todo dar.

- ¿Hay algún problema en que te llame a esta hora? Es que desde hoy, voy a trabajar hasta esta hora haciendo las ampliaciones pendientes, ahorita acabo de terminar.  Dijo Mariana, y es que el centro de revelado era de su familia, y ella vivía en la planta alta del local comercial.

-         No hay ningún problema, yo también me desvelo leyendo o viendo películas,  es mas, casi estaba a punto de salirme a tomar unas cervezas con los amigos. Contestó Nicolás.

-          Es más te agradezco que me hayas llamado,  no tengo nada de sueño y acabas de alegrarme la vida con tu llamada. Agregó.

Esa fue la primera de las muchas llamadas que tuvieron por teléfono en las noches, ya que Mariana terminaba de hacer ampliaciones y aplicaciones de poliéster a fotografías, le llamaba; Nicolás cambió sus hábitos nocturnos de parrandas solo para esperar la llamada de Mariana, que  siempre eran después de las doce la noche.

Así,  como una simple amistad, llegó Mariana nuevamente a la vida de Nicolás, le contó todo lo que había sido su vida desde que se dejaron de verse y más antes, fue sincera y le platicó de sus decepciones sentimentales y todo lo de su vida, de lo que ni cuando fueron amigos anteriormente le había platicado.  Algo que le incomodó a Nicolás, es que en ese momento ella tenía un novio al que en su casa sus padres estimaban, pero que para ella, era una relación ya tediosa y distante.

Y como una simple amistad en la que había mucha confianza, sin pensarlo, él la fue queriendo cada vez mas, y si antes estaba enamorado de ella, ahora lo estaba más. Pero ella le habló claro, dejó sus sentimientos bien definidos, sí bien le comentó que a su novio casi no lo soportaba, ella solo sentía una amistad muy cercana a él, pero nada mas. A él no le importó eso,  insistía en decirle todo lo que significaba para él y que se pasaba pensando en ella. Mariana había cambiado un poco desde la escuela, podía decirse que ahora era una mujer con ciertos signos de amarguras y un tono autoritario de voz y un gran pesimismo en todas sus conversaciones y en lo que hacía. Todo lo contrario a Nicolás, que bien podía decirse para empezar, que no conocía la pena y todo lo que le pasaba en la vida era motivo para reírse. De tantas conversaciones, y toda la comunicación que sostenían en el chat del messenger, y ante tanta insistencia de él, Mariana comenzó a dejar de decir palabras negativas que constantemente repetía, como “me choca”, “me enfada”, “no lo soporto”.

Y comenzó a reír mucho, ya que él siempre intentaba por todos los medios hacerla sonreír. Y es que la soledad de Nicolás se había alejado y  ahora estaba lleno de Mariana y de todo lo que era su vida de ella.

Y a pesar que tenía bien claro que solo lo veían como un amigo, Nicolás no dejaba de decirle a Mariana lo maravillosa y linda que era para él.

Con una confianza mutua alguna vez se atrevió a preguntar.

-¿Mariana, por qué antes de salirme de la escuela te alejaste de mi?

- Ah, alcanzó a decir ella. Nicolás insistió.

Y ella le dijo que no era necesario decirle que había pasado, que era algo que le habían dicho que él dijo, pero que ella por si sola, se había dado cuenta que le habían mentido.

Nuevamente Nicolás insistió, y ella le explicó que un amigo de ambos, habría comentado que él dijo que si se pasaba junto a ella, era porque él habría dicho que siempre sacaba provecho de todo y que de Mariana no sería la excepción.

Él no contestó nada, y ella siguió diciéndole que se había dado cuenta al final, que ese amigo también estaba interesado en ella y lo que le contó, fue con la intención de alejarlos, para tener el camino libre hacia ella.

-         Yo me di cuenta que me había mentido, porque cuando me alejé de esa persona, me dijo que ahora sí, sabría lo que habías sentido tú, cuando me alejó de ti por todos los medios. Dijo Mariana.

Nicolás continuó callado, ya eso no le importaba, ahora estaba cerca de ella y a pesar de ser solo su amigo, era él  a quien más confianza le tenía y para todo recurría a él, aunque solo fuera para acompañarla a cualquier parte.

Y nuevamente se volvieron inseparables, podían sostener una conversación telefónica hasta el amanecer, hablando de sus vidas cotidianas sin que se aburrieran, él contaba de todas sus andanzas en la parranda y las peripecias que siempre suceden andando en compañía de amigos de bohemia y es que sus amigos de Nicolás eran de todo tipo, desde el grupo de intelectualoides y poetas de pueblo; la gente seria que pretendían hacer política municipal en su pueblo, hasta un destrampado grupo de jóvenes que se hacían llamar los “caifanes” con quienes continuamente se corrían desenfrenadas parrandas hasta el amanecer.

Gente con quien practicar su living la vida loca no le faltaban y esas andanzas también eran motivo que contarle a Mariana, ella alguna vez  le preguntó:

-¿No extrañas esa vida? Porque ahora casi a diario estás platicando conmigo por las noches y ya no sales con tus amigos.

Nicolás se quedó pensativo, y alcanzó a decir:

-Te lo cuento como una catarsis, para ya no volver a hacer lo que antes creía que era mi estilo de vida y lo que me hacía feliz, ahora me hace feliz estar contigo.

Pero solo eran palabras, cuando podía se escapaba con sus brother´s de parranda y algunas veces aprovechó para llevarle serenata a Mariana, para cantarle canciones como la de  mil nombres, canciones de Chayanne y una que otra canción desconocida de algún compositor folclórico de su pueblo.

Por su parte, Mariana contaba de todo lo tedioso que era estar atendiendo la tienda de revelado y del compromiso de estar ahí, de lo incomprendida que era por sus padres y hermanos, quienes siempre le exigían más responsabilidad para su trabajo y que se dejara de andar perdiendo el tiempo con él, entre otras cosas, ella bromeaba diciendo que no le gustaba para nada los quehaceres del hogar, como planchar, lavar su ropa o cocinar.

Él en sus conversaciones trataba de animarla y de hacerle agradable su estancia en el trabajo, ella se conectaba al messenger desde la tienda de revelado y en las tardes platicaban a diario. El nick de él era líder y el de ella sol senifled, en una ocasión ella le dijo que abriría un nuevo correo en yahoo y que si podía sugerirle algún nick para su nuevo correo y él le dijo que podía ser karenina, como el nombre de  la novela de Tolstoi: Ana Karenina. Ella aceptó y abrió su nuevo correo con esa dirección y también su nombre en el messenger lo cambió por ese nick, y a él se le ocurrió cambiar su nombre de usuario por el de Wronsky, el nombre del amante de Ana Karenina, en la romántica novela del autor ruso.

Nicolás no podía imaginar su vida sin Mariana, toda ella se había convertido en su vida y buscaba cualquier pretexto para estar con ella, alguna vez salieron a comer y en el regreso a casa de ella, él le preguntó que si podían ser algo más que amigos, ella soltó una carcajada y le dijo:

-Pero tú sabes que solo te veo como un amigo, es más, yo tengo mi novio, y okay te quiero mucho pero hasta ahí.

Nicolás alcanzó a proponerle:

-Oye si tu me quieres mucho y yo a ti. ¿Por qué no aceptas ser “mi no se qué” pero a la que quiero mucho? Y así poder complicarnos más nuestras vidas, Mariana sonrió y dijo:

-¡Sale!

Y Nicolás agregó:

-También ser mi anochecer, mi amanecer, mi sol y mi... ¡Coca-Cola!

Mariana no paraba de reír y le preguntó que por qué su “Coca Cola” y el le dijo que porque sin ella no podía vivir.

En una ocasión Nicolás mandó publicar una inserción de un anuncio clasificado en el
 periódico de la región en la que decía:  DESCONOCIDO SOLTERO NO CODICIADO, 
LIDER EN DECEPCIONES SENTIMENTALES. Busca amiguísima excéntrica con deseos
de complicarse la vida ambos ( para darse cuenta que están vivos y darle sentido a sus vidas).
REQUISITOS: Ser original. Un poco esquizofrenica y con delirios de persecución. Con
excelente sentido del humor, risa y sonrisa agradables. Con disponibilidad de horario
nocturno y línea telefónica    (preferentemente de 12 de la noche a 6 de la mañana). Sincera.
De 20 a 30 años. SE OFRECE: Lavado y planchado de su ropa exterior (únicamente).
Cocinado de platillos tradicionales nutritivos (nada de comida exótica). Pensar solo en ella en
todo momento. Todo el amor que nunca se ha imaginado que existe. INTERESADAS
LLAMAR AL TELEFONO... DE  12 DEL DIA A LAS 6 DE LA TARDE. INÚTIL
LLAMAR SI NO REÚNE LOS REQUISITOS.

A medio día, Mariana le llamó por teléfono para decirle que estaba loquísimo, que como se había atrevido a publicar semejante tontería, pero ella no paraba de reír.

-         ¡Te pasas! ¡Cómo eres! Le decía mientras se moría de la risa.

Nicolás en verdad estaba enamorado de ella, sentía algo que nunca había sentido y era la primera vez que se sentía así de feliz a lado de una mujer, de repente agarraba la compu  para escribirle algunos textos y de esa forma tratar de conseguir su amor, en una ocasión le envió a su correo electrónico un texto que a Mariana le gusto mucho, aunque en sus textos el nombre de ella había sido sustituido por Karenina y así todo lo que escribía se lo dedicaba a ella a pesar que sus textos no tuvieran un valor literario, “Dime Karenina  por que hay días que no se pueden olvidar y cielos que nunca pasarán, canciones que siempre se tienen que cantar y lluvias que recordar. ¿Por qué siempre habrá dedos afanosos que no se pueden comparar? Caminos que nos llevan al mismo lugar. ¿Por qué mi rocío

te parece al de ayer igual? Dime por qué nuestras estrellas nunca cambian de lugar, a pesar que no se pueden alcanzar. ¿Hoy por eso quiero soñar, en ver caer las hojas de los árboles junto a ti. Hoy tan solo quiero tomar tus manos y peinar con mis besos tus cabellos, y ser los caminos que te abracen, las miles de mariposas que revoloteen en tu vientre...”.

En una ocasión, Nicolás había estado en el festejo del triunfo del candidato de la campaña política en la que había sido contratado como fotógrafo y bebió de más como siempre lo hacía, y llegó hasta las puertas de la casa de Mariana, ella lo recibió sorprendida y le pidió que se fuera, que si sus padres la veían con él ya no la dejarían salir más y que además le prohibirían la amistad que había entre ellos, pero él estaba súper terco y desconocido, el alcohol lo había transformado y le comenzó a reclamar porque no lo quería como él la amaba ella.

-Vete a tu casa, después platicamos, pero por favor vete, no quiero que mi familia te vea así, tu me dijiste que nunca me causarías ningún problema. Decía preocupada y enojada.

Nicolás al retirarse le dijo que jamás volvería a verla, que jamás la buscaría, pero al otro día ya recuperado de la borrachera lo primero que hizo fue llamarla, en casa de ella, su hermana le dijo que no quería contestarle, que Mariana estaba muy enojada y que decía que por favor jamás la buscara.

Se sintió perdido, cometió un error que parecía insalvable, insistió en buscarla pero ella le rehuía, no le contestaba las llamadas y en el messenger le había dado no admitir, por lo que no podía ver cuando se conectaba.

Así pasaron los días y en verdad creía que jamás volvería a estar con ella, escribió un e-mail en donde en vez de pedirle perdón le escribió un texto que demostraba como se sentía en ese momento: “La lluvia es un personaje gris, que es feliz solo para desentonar con los demás, la lluvia va por el mundo esperando siempre esperando en la espera disfrutando. La lluvia se acompaña de relámpagos y truenos para ser feliz, no se detiene a pensar que asusta a los recién nacidos, a los que no saben que existe la lluvia, a quienes no han visto nunca llover, la lluvia es un tipo frío, triste, lleno de dolor, siempre manejado por el viento, siempre se complica la vida buscando no se qué, o se va a una playa de río a mojar la luna, a soñar alcanzar las estrellas, pero su estrella está tan lejos,  y por más que le pide al viento ayuda, ésta no llega”. Pero no hubo ninguna respuesta, en vano esperó sus llamadas por las noches, y no le quedó otra cosa más que llevarle nuevamente serenata, pero en esa ocasión, sorprendidos sus amigos, vieron que fue a dejarle serenata sin haber tomado una gota de alcohol.

Sus amigos con los que siempre iba a dejar serenata, ya lo conocían, y siempre en esas farras, le pedían que en un “solo” de guitarra, él declamara un poema, esta vez no fue necesario que se lo pidieran, y solo comenzó a declamar un texto de amor que quien sabe de dónde había sacado pero que  decía así: “Eres tú por lo que ahora quiero vivir, solo tú por lo que nunca quisiera morir. Y es que ahora hay algo en el viento, en el cielo, que es menor de lo que siento por ti. Y que ahora todo eres tú, mis sentimientos y único pensamiento. Eres mi poema, mi canción, mi pasión. Eres la estrella fugaz del cielo, eres el fuego en tu mirada de hielo. Todo eso eres tú. La mañana que nunca termina, el atardecer que nunca llega, la noche que no me alcanza para dibujar tu sonrisa en mi mente. Tan solo eres, ansiedad de verte, de tenerte, eres ese poema que no puedo escribir porque hace falta vivir. Eres lo que no puedo encontrar, el camino para aprender contigo lo que es amar”.

De la ventana de la parte alta del local comercial, se entreabrió la ventana para que Mariana apareciera, con la sonrisa más linda que jamás Nicolás había visto en su vida, ella movió su mano en señal de saludo, al que el respondió con otra sonrisa. Él y sus amigos abordaron la camioneta pick-up en la que habían llegado y arrancaron rumbo a su pueblo, en el camino pidió una cerveza, ahora se sentía feliz, la parranda podía continuar.

Al otro día lo primero que hizo fue ir a buscarla al centro de revelado, ella lo recibió con alegría y le pidió que jamás volviera a tomar, que no lo hiciera por ella sino por el mismo. Que la persona que había conocido tomado no le gustaba nada, que le gustaba y quería el Nicolás sobrio que siempre la hacía sonreír. El solo contesto:

-      A mi también ese Nicolás no me gusta, porque ese jamás va estar cerca de ti, y yo quiero estar siempre cerca de ti, para siempre.

-         Es que me he dado cuenta que siento algo más que amistad por ti y no quiero verte de esa forma y ni que te alejes de mi. Dijo ella.

Se abrazaron y pudo desde el tiempo que tenía de conocerla por fin besarla en los labios y sentir su cuerpo muy cerca de él.

Muy cerca a ella le dijo en el oído:

-¿Quieres casarte conmigo?

-         ¡Vas muy rápido! Pero sí, si quiero casarme contigo. Le contestó Mariana.

No se dijeron más y solo continuaron abrazados. En ese momento, Nicolás pude darse cuenta de verdad lo que era vivir. Los días transcurrieron, fueron conociéndose más. Salían a comer o solo a dar la vuelta, sentarse en cualquier banca del kiosco de la ciudad de Mariana. Cada vez él sentía que ella se acercaba más y podía sentir el amor de ella. Tenían los clásicos conflictos de esos que solo sirven para darse cuenta cuanto se quieren dos personas. Habían convertido sus vidas en una sola.

Después de varios meses de estar juntos, él le planteó la posibilidad de que para poder iniciar una vida juntos, tendría que ir una temporada a los estados unidos a trabajar, porque pensaba emprender un negocio y así poder iniciar una vida en familia. A ella no le pareció muy buena la idea, mucho menos que tenían que separarse y tener el temor de que le pudiera pasar algo.

Y es que él tendría que irse de mojado y cruzar ilegalmente la frontera. Sin que lo supiera ella,  Nicolás comenzó a hacer los preparativos para poder irse de bracero. Reunió una cantidad de dinero para poder pagar al coyote que lo pasaría en la frontera. Una tarde en que estaban juntos, él le dijo que tenía que hacer ese viaje en busca de trabajo, porque esa era la única forma en que podían estar juntos siempre, como lo soñaban. Ella simplemente no le contestó nada.

- Ya tengo el dinero que necesito. Me voy para la semana próxima. Nos vamos varios chavos de mi pueblo. Uno de ellos conoce a unos polleros en Sonora que nos van  a pasar, solo será un año el tiempo que esté por allá y regresaré para que nos casemos. Le dijo.

Mariana por fin se atrevió a hablar y le pidió que no se fuera, que no era necesario. Que juntos encontrarían la forma, que no había ninguna prisa por casarse, que eran muy feliz estando a su lado y que si Diosito quería que ellos estuvieran juntos, lo iban a estar.

Él estaba decidido. Tenía ya sus planes hechos y le pidió que por favor lo esperara, que tan pronto estuviera allá se pondría a trabajar y que luego se comunicaría con ella. No sirvieron las palabras de Mariana para hacerlo desistir. Estaba decidido, aunque  tenía temor por todo lo complicado que se había vuelto pasar la frontera. Vencía sus miedos al pensar que pronto regresaría para estar a lado de ella.

El día de la partida llegó, el autobús salía a las ocho de la mañana y desde muy temprano Nicolás había llegado junto con otros amigos a la estación de autobuses. Estaba desvelado, toda la noche se había pasado pegado al teléfono despidiéndose de ella. A pesar que un día antes se estuvieron todo el día juntos. Ningún familiar del grupo de amigos había ido a despedirse de ellos, faltaba poco para que abordaran el autobús, cuando llegó Mariana. Nicolás se emocionó al verla. La abrazó y beso con mucha fuerza, como queriéndosela llevar en ese abrazo y besos. Ella comenzó a llorar y le pidió que no se fuera, que no le importaba que fuera humilde y que no tuviera nada que ofrecerle, que ella lo aceptaba así, por su forma de ser y por la forma que la trataba.

-         No llores mi amor, dicen que es de mala suerte llorar en las despedidas, mejor sonríe y piensa que pronto vamos a estar juntos. Todo va a salir muy bien. Algunos con los que me voy, ya han ido,  me dicen que no es difícil pasar la frontera, que vamos a caminar muy poco por el desierto y después una van nos va llevar hasta donde vamos. Todo eso le decía Mientras Mariana solo sollozaba abrazada a él.

Mariana se apartó, fue a un local comercial de la terminal. Regresó y en sus manos llevaba un envase de agua de la medida de un galón. 

-         Toma, llévate este galón de agua, si vas a caminar un rato por el desierto, vas a necesitar de mucha agua. Cuídate mucho, y por favor llámame cuando llegues. Le dijo, dirigiendo su mirada al piso.

Nicolás tomó entre sus manos la ánfora blanca del agua. Se dieron un beso y subió al autobús. Por la ventanilla pude verla como sonreía y le decía adiós con su mano.

Todo el camino fue pensando en ella, en todos los momentos que habían pasado juntos, en aquella vez cuando fueron al río, en cuando se empaparon bajo la lluvia dando un paseo por las calles de la ciudad de ella. Su sonrisa no se le borraba de la mente de Nicolás.

Al llegar a  la frontera el grupo de amigos se hospedó en un hotel, todos en la misma habitación. Hasta ellos llegó un tipo, quien les dijo que si querían aventarse, esa misma noche lo iban a intentar. Tenían que pagar por adelantado la pasada. Uno del grupo dijo que ese coyote era de confianza, que alguna vez ya lo había pasado a el. Les explicó que después de pasar la frontera, caminarían cuatro horas, hasta un lugar en la carretera en dónde serían recogidos por una camioneta para llevarlos a una ciudad y desde ahí que cada quien le jalara para donde quisiera, ya que después de eso no había revisiones de la migra.

Esa misma noche se aventaron, caminaron toda la noche, al amanecer, el coyote les  dijo que lo esperaran ahí, que iría por la camioneta con la que los llevaría. Que más al norte, estaba una carretera.

Era mediodía y el coyote no regresaba, para ese momento se sentía un calor inmenso, todos estaban empapados de sudor.  Ya para ese momento Nicolás se había terminado su galón de agua. Alguien del grupo propuso no esperar más al coyote, que siguieran adelante. Al cabo, la carretera estaba cerca. Todos comenzaron a caminar, encontraban a su paso solo cactus que cada vez se hacían menos. Un sol pesado que se dejaba sentir y un calor insoportable que cada vez hacía más difícil el caminar. Todos comenzaron a desesperarse, a pesar que avanzaban, no alcanzaban a ver ninguna carretera y cada vez veían solo más que arena. Algunos no pudieron más avanzar. Nicolás pensó en Mariana, en su pueblo, en sus padres y en todo lo que había dejado atrás. Sacaba fuerzas de dónde no las tenía. Empezó a sentir un  frío que le recorría su cuerpo, le costaba trabajo respirar. No sintió  más. Se abrazó muy fuerte a su ánfora blanca ya sin ninguna gota de agua.

Después todo fue noticia. Dos del grupo habían sobrevivido. Fueron encontrados por una patrulla fronteriza, agonizando. Habían alcanzado a decir como fueron quedando diseminados por el desierto todos los demás. Los comenzaron a buscar y los encontraron completamente calcinados. Sin identificaciones. La noticia llegó al pueblo de Nicolás, un enlace de relaciones exteriores habría llegado hasta su pueblo, para decir que ya se estaban realizando las gestiones para traer los cuerpos de los jóvenes muertos. De los siete que iban solo había sobrevivido dos. Quienes estaban muy graves en estado de coma en un hospital y se temía por sus vidas.

Mariana no estaba enterada. Esperaba la llamada de Nicolás. Prendió el televisor y se enteró. Era noticia nacional, cinco jóvenes habían muerto en la búsqueda del sueño americano. En el noticiero informaban la hora de la llegada de los cuerpos, no había nombres de quienes habían fallecido. Mariana se quedó de una pieza. Pensó en su Nicolás, habían mencionado de donde eran originarios, no había duda era el grupo en el que él había salido. La nota informativa solo contenía declaraciones de funcionarios de ambos países, no había imágenes de los cuerpos.

Al otro día muy temprano llegó Mariana a esperar la llegada, entre la multitud de quienes esperaban los cuerpos, se confundió Mariana. Esperaba con todo su corazón que Nicolás estuviera vivo, que fuera él quien se había salvado y estaba en un hospital de Arizona que habían mencionado.

El gentío, las familias llorando, con la incertidumbre de conocer quienes eran quienes habían fallecido, Mariana revisó uno por uno los cuerpos. En un ataúd, estaba un joven abrazado muy fuerte a una botella   blanca sin agua.

 

 

 

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