MÚSICA
Y BAILE DE TIERRA CALIENTE
Marco Antonio
Bernal Avellaneda
EL ESCENARIO
Geográficamente, Tierra caliente es una extensión comprendida en la
cuenca de Río Balsas, cuyo centro se ubica en la región más baja, que es Ciudad
Altamirano, Guerrero. Partiendo de ese
lugar y trazando un círculo imaginario en torno a Altamirano, están
comprendidos diversos lugares de los estados de Michoacán, Guerrero y Estado de
México....Clásicamente se ha definido como pueblos representativos de la tierra
caliente;
en Michoacán, a Huetamo,
San Lucas, Riva Palacio, Tiquicheo, Carácuaro, Nocupétaro y Tuzantla; por
supuesto, dentro de ellos, existen otras poblaciones de menor renombre, a los
que habremos de mencionar en su
oportunidad.
En
Guerrero: Ciudad Altamirano, Cutzamala de Pinzón, Coyuca de Catalán,
Tlapehuala, Arcelia, Ajuchitlán, Zirándaro, Poliutla, San Miguel Totolapan,
Paso de arena, Placeres del Oro y, otros, comprendidos dentro de los ya
mencionados.
En
el estado de México, los habitantes vecinos de nuestra región, muestran
elevados rasgos de sensibilidad hacia la música, el baile y costumbres
primordialmente. Estos lugares son, Bejucos, Palmar Grande, Amatepec, Palmar
Chico, y, en cierta forma, Tejupilco: aunque este último, manifiesta mayor
arraigo por la música, en franca preferencia respecto al baile.
LAS RAÍCES
Buscando
el origen y esencia de la música y el baile terracalentanos, bien podemos
localizarlos en los bailes y piezas musicales andaluces, los cuales, traídos a
estos lugares por los españoles y sus trabajadores que se avecindaron entre
nuestros antepasados durante las etapas de conquista y colonia, sembraron su
cultura hispano-árabe-africana-gitana que pronto fue asimilada por nuestros
tatarabuelos de sangre purhé y matlalzinga y posteriormente, por los
descendientes de esas razas, próximas a fusionarse. Los rasgos musicales y
litararios de la piezas denominadas de tierracaliente, revelan una innegable
paternidad flamenca, en parte, en los detalles que emergen como flores
delatoras de dicho parentesco…...Los redobles de la tamborita, cuando acompaña
un gusto o un son, resultan ser seguras reminiscencias de los bailes andaluces;
más indudable, resulta la letra y música que frecuentemente denuncia su
génesis: “La malagueña de Tierra caliente”, “indias” “Remas” y, expresiones
tales como: “prenda de mi alma”, “bien de mi vida”, “tirana”, “Morenita mía”,
“Ave María”, así como otras formas de expresión literaria y musical que nos
remontan a los géneros de siguirillas,
soleares, fandangos, peteneras, malagueñas y otros del repertorio de los
músicos que llegaron con los colonizadores, que dan mayor valor a lo asentado,
ratificando el origen ya comentado de nuestro baile y música.
Es
necesario señalar que siendo nuestra región propicia para cultivar ajonjolí,
maíz, frijol, caña de azúcar, así como otros productos que fueron implantados
por descendientes de españoles durante la colonia, quienes se constituyeron en
los hacendados del porfiriato y gestores de una situación social, cultural y
económica, política y religiosa que necesariamente habría de introducir como
cánones los modelos de vida de España, es de advertir esa influencia que en
todos sentidos tuvo mucho que ver, tanto en la clase dominante como como con
sus trabajadores negros, indígenas o mestizos. Diversas clases sociales que
también aportaron características muy distintivas a ese bagaje cultural que
derivó en una mezcla bastante interesante por su variedad de formas y estilos y
que es lo que hace de nuestra música y baile, géneros tan especiales.. .. Si observamos la estructura y contenido de un “gusto”,
de origen español, que ya traía en su
esencia rasgos rítmicos y melódicos de la península ibérica, así como árabes,
de los cuales podemos apreciar claramente su influencia en los “lamentos” y
“tiranas”, así como en las “malagueñas”, las “indias” y “remas” que son
modalidades representativas de la tierra caliente. Es también, muy evidente que
el ritmo del son manifiesta una marcada influencia de los bailes de negros. Aventurémonos a pensar, en torno a un son de
tierracaliente muy conocido, cuyo título es “El Maracumbé”, debió inspirarlo el
nombre e imagen de una negra frondosa llamada María Cumbe, a quien le fue
dedicado; degenerando posteriormente en dicho nombre actual con el que conocemos
a esa pieza....... Y, si no bastare ese detalle, convendría escuchar su
peculiar estructura musical que, enmarcada en su ritmo y percusiones de la
tamborita, sin duda nos transportarán a un lugar indeterminado de la selva
africana.
Independientemente
de lo anterior, los nativos del lugar,
al aprender esos ritmos y asimilarlos a su temperamento y formas de ser y
sentir, hubieron de imprimirles tanto al ejecutar su música y su baile, una
personalidad peculiar y definida –muy particular- que los convirtió en lo que son actualmente, como manifestación genuina del
arte de la tierra caliente.
LOS MÚSICOS
Refiriéndonos
a la conformación de un grupo de música regional de tierraceliente,
generalmente, se integra así:
A).-
Dos violines (Primera y segunda voces).
B).-
Guitarra sexta; pudiendo ser una o dos, según cada conjunto. En tiempos
remotos, se empleaba una guitarra de
manufactura especial y que tenía una caja de resonancia con una profundidad de
15 centímetros y un diapasón corto, diseñado originalmente de acuerdo al tamaño
del brazo del ejecutante, con cuerdas elaboradas con tripas de chivo. Sus trastes se marcaban con cuerdas
enrolladas en el diapasón. Su utilidad, cuando no llegaba a estos lugares la
guitarra sexta, tal como la conocemos, era como instrumento de percusión con
algo de armonía más, había ejecutantes tan diestros en su ejecución que, además
de tocar “obligados” de algunas piezas, solían ejecutar partes melódicas. A
esta guitarra antigua, se le llamaba “túa”. En la actualidad, la túa, a la que
también se le denomina “guitarra panzona” ha desaparecido de los conjuntos de
música regional, puesto que ha sido desplazada por la guitarra sexta.
C).-
Una tamborita de fabricación local, cuyo vaso se elabora de un trozo de raíz de
parota, que es un árbol frondoso propio de la región, al que se le extrae la
madera interior, dejando sólo el “vaso”, que sirve de caja. Los parches se
hacen de piel de chivo, dos aros de madera de acinchete, los cuales e tensan o
aflojan con cuerdas de mecate, correas o piola y templaderas de cuero.
A manera de cuento, se refiere que algunos
ejecutantes de tamborita le colocaban en un extremo, parches de piel de perro
y, en el otro, de coyote... Como es sabido, el perro y el coyote son animales
que no se llevan bien; así que, se decía que si el tamborero tocaba por el lado
del perro, la fiesta concluía felizmente, más si se tocaba por el otro extremo,
había pleitos que en ocasiones envolvían a la concurrencia en verdaderos
zafarranchos...
Siendo
eso, motivo de propósitos literarios, me concretaré a referir algo con
referencia a
LOS
BAILADORES
La ejecución
de la música y el baile de nuestra región es por gusto, y con afán de
diversión; por lo tanto su propósito es profano y festivo, para ocasiones tales
como: Bodas, bautizos, cumpleaños, así como otros festejos.
Los
bailadores, un hombre y una mujer, van pasando de pareja en pareja, limitados
por dos circunstancias: Una, su resistencia física y la otra, la ansiedad de
las parejas que esperan su turno para demostrar también sus facultades
dancísticas, de tal forma que la primera pareja inicia una competencia amistosa
que se contagia a los asistentes......Las parejas bailan sobre una tarima que
se coloca en la boca de una fosa rectangular aproximadamente de 70 x 200 y 80
cm., excavada en el suelo, en cuyo fondo se depositan dos cántaros con agua y,
que entre la tarima, la cepa excavada y los cántaros, dan una explicable
resonancia al zapateo de los bailadores quienes por parejas piden su
oportunidad para ejecutar sus mejores pasos.
Tradicionalmente,
se acostumbra bailar en la parte de cada pieza (son o gusto) donde no se canta;
aprovechando la parte cantada para “hacer pasos” de descanso y recuperar
fuerzas. El zapateo es la parte más difícil y es esa la oportunidad de
“lucirse” cada pareja, dejando a sus sucesores en la “tabla” una especie de “muestra” que deberán superar con alarde
de ritmo, gracia y contratiempos en los redobles que exaltan el brío de los
“mirones”, quienes en frenética admiración hacia los bailadores, exclaman
con júbilo:
-¡Voy
polla!
-¡Yo,
voy gallo!
-¡Voy
polla, porque’ l gallo se and’hogando!
Y
otras exclamaciones que, entre el ambiente impregnado de “Zihuaquio” (mezcal
procedente de aquel lugar, en Guerrero) música, y ese espíritu bravío tan
especial del terracalentano, elevan al clímax el entusiasmo en franco duelo
entre bailadores y músicos…
Las
parejas, en amistosa disputa por la tabla, esperan ansiosas, tomadas de la
mano, viendo a los bailadores en turno, bañados en sudor, con la esperanza de
que el cansancio les haga bajar de la tarima para dar paso al siguiente par de
bailadores.
En
nuestra época, son contados los bailadores que han ganado la admiración por su virtuosismo
en la ejecución, sin embargo, es casi legendaria la fama que hasta estos días
ha llegado de excelentes bailadores del rumbo de Zirándaro, Huetamo y
Carácuaro, así “El chino” Tello, de las paredes, Juan “Laja” de la Laja;
Eusebio Wences de la Puchímita, Carlos y Joaquín Alvarado, David Durán Naquid,
de Huetamo, Michoacán, verdaderas joyas de la ejecución “a como era” el gusto y
son de ese rumbo, de quienes sólo se podría mencionar, al decir popular “¡No
tienen toro que se les pare enfrente, pa’l baile !”
Cuentan
las gentes “de antes” que al calor del vino y euforia de la música y baile,
afloraban manifestaciones expresadas en verso, (desafíos, piropos, o reclamos)
por medio de la poesía popular en forma de “relates” que son versos breves que
ya sabían o improvisaban al momento; así, hasta los desafíos por cuentas
pendientes se manifestaban en verso:
“ Al
pasar un puente de oro
tres trompezones me di.
Vengo a montarle a un toro,
o a un chivo
de los de aquí “ *
“ El amor que tú me diste
murió cual leve
quimera;
por lo tanto ya no existe
ni te pido que me
quieras:
Tan volubles, ni de chiste
¡ Ni que tan sólo
tú fueras ! “
“ pensarás que me das mueca
con pasar y no llegar;
eres tonta y no reflejas
que ya hay otra en tu lugar.
No
bonita como tú,
pero sí,
particular “
* Recopilado de “El gallero” de Xavier López
Ferrer. Los otros, escuchados en San Lucas.
ALGO
SOBRE LOS AUTORES DE MÚSICA REGIONAL
Indudablemente
que el mejor homenaje a un artista consiste en concederle reconocimiento a su
obra: Por ese motivo, señalaremos como autores de mayor renombre a
ISAÍAS SALMERÓN PASTENES. Indígena, nacido en
Tlapehuala, Guerrero, de cuna humilde pero de fantásticos alcances creativos
que no tuvieron límites. Ideó una clave a base de símbolos para “escribir” sus
obras. Fue llamado a tocar al Palacio de las Bellas artes en México, Distrito
Federal. Por su baja estatura, el pueblo le llamó de cariño “El chicharito”. En
contraposición con su diminuta figura, la naturaleza, con afán compensador, le
dotó de notables dones que ya hubiera envididao el más competente músico de academia.
Su obra fue
versátil, pues lo mismo compuso un son, un gusto, poesía, valses, polkas... Y
hasta una obertura: “El célebre”...
Un
despectivo músico, amparado en sus elevados estudios académicos, a la salida de
una audición que ofreció el grupo de Salmerón en Bellas Artes, lo abordó y le
dijo:
-Oiga,
máistro: ¿Es cierto que usted sabe escribir nota? A lo que contestó don Isaías,
humildemente:
-No
señor, no sé escribir por nota. Yo ideé una clave y de ella me valgo para
recordar mis piezas. Socarrón, el profesional, le dijo:
-Que
interesante... A ver, escriba esta parte. Salmerón, obediente, tomó papel y pluma y, de primera intención, captó
aquella parte que su juez le imponía como prueba.
Terminó
Salmerón -casi simultáneamente al dictado- su escritura. Entonces, su crítico,
cruel le inquirió: -Ahora sí léame, máistro. ¿Que escribió?
–Se
lo voy a leer, ojalá no tenga errores. Tomó su violín y le repitió impecablemente y de primera
intención, -on sentimiento, nclusive- esa parte que se había dictado, dejando
boquiabierta a su inclemente juez... Este detalle singular denota el valor
artístico de Isaías Salmerón, de quien mucho se habló... …Hasta se le atribuyó tener pacto con el
diablo; que su violín estaba encantado: Que lo dejaba solo y que el instrumento,
por su cuenta, ejecutaba melodías en ausencia de su dueño. La vida de Salmerón,
fue salpicada con detalles pintorescos: Tuvo la dicha de disfrutar un elevado
número de mujeres -solo doncellas contó en su haber más de veinte- eso, sin
contar muchas que ya no lo eran.
Esto
le acarreó malas voluntades, que nunca le afectaron, pues se asegura -por parte
de quienes lo conocieron- que algún “suegro” o “cuñado” inconforme lo esperaba
emboscado para lavar la ofensa familiar. Aunque transitara por ese lugar,
Salmerón, nunca era visto; o si se le veía, los agraviados repentinamente
olvidaban su intención y solo le manifestaban un cordial: ¡Qué tal, don Isaías!
¡Que Dios lo lleve con bien! ... Y, hasta pasado el momento recuperaban el
enojo que en realidad nunca llegaba a perjudicar al músico. (Juan Reynoso
refiere que Salmerón “Se sabía algunas oraciones para conseguir lo que quería).
Sus
principales obras: “Esperanza”, “Carmen”, “Amor”, “Viva Tlapehuala”, “No sean
bobos”, “Traigo un sufrir en mi alma” y una pieza que puede calificarse de
obertura: “El Célebre”, “Por qué has venido” (De los pocos gustos escritos en
tono menor y que nos hace evocar a una pieza yucateca a ritmo de danza de
características coincidentes) y muchas otras
más, en varios renglones de la música regional, pues su obra incluye desde
un sentido vals hasta un gusto o son, siempre con elevadas características
barrocas.
JUAN
BARTOLO TAVIRA. Autor indígena de elevada sensibilidad creativa. Nacido en
Corral Falso, Municipio de Ajuchitlán del Progreso,
Guerrero. Su mayor mérito es el haber dedicado su tiempo a la composición de
sones de marcado gusto arcaico que bien lo pudieran proclamar como el genuino
padre del son de la Tierra Caliente. Destacan de él: “El Maracumbé”, “La
Tortolita” y, el interesantísimo son que describe un herradero: “El San Agustín”
y muchos más. Su estilo sencillo, natural, primitivo y vigoroso que hacen
sentir en sus sones el ambiente agresivo de la región en su época más cálida.
JOSÉ
CORONA. Nativo de Huetamo, Michoacán, Maestro de música con elevados estudios
en la especialidad. Su obra de alto mérito se centra en la composición de
valses y polkas de excelente calidad constructiva de él son: “Belén”, “Pobre
Flor”, “Ecos del Sur”, “Lucrecia” y otras grandes obras de mucho mérito.
J.
SOCORRO GALVÁN. Nacido en Huetamo, Michoacán. Maestro de música cuya obra
delicada en gusto, enorgullece a nuestra región, de él, es la polka “De Huetamo
a Pachuca”.
LUIS
ORTIZ. Posiblemente nacido en paso de Núñez, Municipio de Carácuaro, Michoacán,
se le atribuye la letra del gusto “El pañuelo” y la canción “Angel de amor”.
Compañero de Juan Reynoso. Guitarrista ejemplar, sobre todo para acompañar
gustos y sones.
LUIS
AGUIRRE PALACIO. Maestro de música,
nacido en san Lucas, aunque consagró su obra a la enseñanza de música de
orquesta, formó parte de diferentes grupos; autor de ingeniosos textos
literarios y musicales, versos sueltos; compuso también gustos, sones,
canciones rancheras, polkas, cumbias, y algunas piezas fúnebres especiales para
sepelios. A él se debe el vals: “Noche de Insomnio”, “El collar”, pieza
fúnebre, el gusto “La chicharrita” y muchas obras más.
J.
JESÚS BAÑUELOS. Maestro de música, se disputan su nacimiento Santa Cruz de
Villagómez, en el municipio de San Lucas Michoacán y Coyuca de Catalán,
Guerrero, su obra fue tendiente a lo académico; de notoria sobriedad, elevada
elegancia. Se recuerdan de él “Lamentos de un crudo”, “Esperanza” y “Felicidades”, pieza por excelencia
considerada como la marcha nupcial de Tierra Caliente.
SEVERO
JUÁREZ. Maestro de música, originario del estado de Guanajuato y avecindado en
San Lucas. Cantor oficial del templo, hasta su muerte. Director de la Banda del
lugar. Gran poeta y ejemplar músico e intérprete. De él: “El becerro” son
bronco en arreglo para banda; “El paseo”, pieza fúnebre, “José Luis” (marcha)
“Vamos, un café” (marcha), y un vasto repertorio que reflejó su preparación y
madurez profesional dentro de todos los géneros: Danzón, Bolero, vals, cumbia,
canciones rancheras, música fúnebre, entre otros. Hizo arreglos y escribía
partituras para cada instrumento en la
banda que él dirigía.
HERIBERTO
PADILLA. Músico y autor popular, de gran repertorio sobre todo en gustos, sones
y canciones rancheras de gusto eminentemente provinciano. Director del grupo
musical de Tierra Caliente “Conjunto Carácuaro” actualmente radicado en la
ciudad de México. De él se recuerda “Joven Divina” “El Sonso” (son), y otras de
gran gusto tradicional.
J.
ASCENCIÓN LUVIANO. Nacido en Huetamo, Michoacán. Interrumpió sus estudios en el
seminario de Tacámbaro, y se integró a
la vida bohemia. Su obra, aunque de arraigo popular, refleja un elevado
misticismo y alta escuela, muy aparte de que es interesante oír cómo un ex
seminarista canta con estilo popular, profanos versos de amor, que nuca
abandonan el espíritu elevado en pretendida búsqueda de la perfección. De él,
son las piezas “Serenata”, “Hasta cuando, primavera”, Tristes Recuerdos”, entre
otras.
JUAN
REYNOSO POTILLO. Nacido en el Ancón de Santo Domingo, Municipio de Coyuca de
Catalán, Guerrero. Profesional de la música popular de Tierra Caliente; desde
su infancia, discípulo y compañero de Isaías Salmerón; violinista al que
acertadamente se le puede calificar de maestro, virtuoso en su ejecución y
celoso conservador de las formas originales de las innumerables melodías que él
guarda en su generosa memoria…
...Realmente, el repertorio habido en poder de Juan Reynoso, es
ilimitado, ya que ejecuta desde una sencilla pieza popular, hasta una pieza
húngara, francesa, un tango o bien una obertura: Conserva en su repertorio: “El
Célebre” de Salmerón. Autor de valses, boleros, gustos y sones. Entre los
gustos de Reynoso están: “Talita”, “Santo Domingo”, el vals “Marco Antonio” y
sones “Mi guachito”, “Martín Santibáñez”; “El toro sin caporal” (recopilación);
sones sin letra, los bolero “Caritina” y “Las flores que tú me diste”… De los
auténticos defensores del folklore regional, Reynoso es el último exponente;
fácilmente podría mencionar a Juan
Reynoso como el último de los grandes que han sido: Salmerón, Bartolo y él.
Recibió, de manos del Presidente de la República, el Premio Nacional de las
Artes Populares en 1997.
CATALINO
GALINDEZ. Nacido en Cuaulotitlán, Municipio de Tlalchapa, Guerrero. Prestigiado
violinista y compositor de sones, gustos, pasodobles, marchas y vales.
Inspirado trovador de coplas acompañadas a música de “indias”, “malagueñas” y
“remas”.
BARDOMIANO FLORES. Llamado de cariño “”El
bravito”, nacido en Tlapehuala, Guerrero. Es el violín su instrumento preferido
y en el cual ha podido destacar con mayor destreza, toca varios más, de cuerda,
ejecutando con ellos, piezas donde pone de manifiesto su maestría admirable.
EPIFANIO
AVELLANEDA NAVA. Oriundo de Chumbítaro, Municipio de San Lucas, Michoacán.
Reconocido como el mejor tamborero existente en las postrimerías del
Siglo XX. Las combinaciones complicadas que ejecuta en la tamborita, con
insistente uso de ritmos sincopados, lo ponen a la cabeza de los ejecutantes de
ese difícil instrumento. De él sólo se conoce un Son sin letra, cuyo gusto
constructivo a base de primitivas formas, integradas por contratiempos, bien
pudieran hacer evocar el dicho popular que “De lo bueno, poco”.
FLORENCIO
VALENTÍN ROJAS. Oriundo de San Juan Mina, Municipio de Tlapehuala, Guerrero.
Guitarrista, excelente improvisador de versos de “malagueña” de “India” y de
“Remas”, que son géneros propicios para insertarles versos improvisados o
trovados. Su preparación autodidacta, le dio una visión realista y ampliamente
filosófica. Reflexivo acerca de la naturaleza, y sus causas y consecuencias; de
inteligencia sobresaliente y gran talento literario, su obra como poeta y
músico se complementó, en colaboración con el maestro Juan Reynoso, de quien
fue compañero hasta su muerte, escribiendo obras conjuntas, tales como: “Calentanita”, “San
Cristóbal”, “San Lucas”, “Amatepec” gustos de exquisita sencillez que enmarcan
en su descripción casi fotográfica los rasgos distintivos de cada pueblo al que
le canta.
MAXIMINO
REYNOSO NÁJERA: “Chimino”, inolvidable guitarrista y gran cantante de la música
tradicional. Hijo de Juan Reynoso y compañero de él, desde niño hasta su
temprana muerte. Aprendió de su padre, la forma genuina de acompañar en la
guitarra el gusto, son y otras piezas de difícil hechura. Logró en su
ejecución, “bajear” y llevar armonía simultáneamente con una limpieza y
virtuosismo admirables. Su característica voz y su privilegiada memoria fueron
gran apoyo a su padre. Desgraciadamente su partida prematura nos impide
seguirlo escuchando.
SALOMÓN
TRUJILLO MERCADO. Originario de Huetamo, Michoacán. Aunque ciego de nacimiento, las extraordinarias facultades
con que la naturaleza compensó generosamente esa carencia, hicieron de él un
genial músico. Ejecutó todos los instrumentos, y con mayor dominio, la
guitarra, el saxofón y la batería en los cuales logró envidiable maestría.
Formó parte de varios conjuntos, como solista, supliendo con su graciosa
versatilidad a cualquiera de sus compañeros. Luis Aguirre refirió respecto a
Salomón:
“..Una
vez, cuando Stella Inda visitó San Lucas, Salo me pidió que anotara una melodía
dedicada a aquella artista. Me dicto por solfeo, con toda propiedad musical,
aquella pieza", lo que complementa aún más su consistencia como músico:
Era verdadera autoridad en esta materia. Como guitarrista tenía un repertorio
que incluía desde piezas regionales (canciones rancheras, valses, polkas,
marchas, gustos y sones) en las
cuales recreaba su sensibilidad y
profundo amor por el terruño, hasta obras clásicas y populares del ámbito
internacional. Como autor y aún como intérprete, poca difusión tuvo su obra,
tal como sucede con lo artistas del pueblo, sin embargo, gracias a su
prodigiosa retentiva se conocieron melodías que aprendió de niño. Compuso
varias obras, de las cuales destacan “Pavita” (bolero) y el vals “Altagracia
Masón”. Lamentablemente, su deceso (en 1982) marcó una irreparable pérdida para
la música regional.
DEL
VESTUARIO
En el
hombre: Calzón y camisa de manta, guarache de correa y suela, sombrero de
“astilla”, de ala ancha fabricado en Tlapehuala, Guerrero. Paliacate rojo al
cuello y una bolsa en forma de semicircunferencia, hecha de lana o tela negra,
llamada “borrego”, a la que le daban diferentes usos: como monedero; para
guardar otras prendas y también, para disimular las partes nobles del varón,
quien –en aquellos ayeres- no usaba calzoncillo interior.
La
mujer: Falda amplia con “urgido”. Actualmente, se usa blusa blanca con mangas cortas, rebozo, trenzas con moños y
guaraches igual que el hombre. La blusa original era de color claro, con manga
de tres cuartos de larga; sobre el vestido, un delantal que sólo cubre
parcialmente la falda. Bajo la falda iban las tan mencionadas “naguas blancas”
como “ropa de armar”.
DESCRIPCIÓN
DE UNA BODA
Una vez
concertada la determinación de unir sus destinos, los novios quedaban en el
acuerdo de realizar los trámites conducentes a la consecución de tal empeño.
El
padre del novio, en compañía de una persona de respeto, tal como el Sacerdote,
el Maestro, El Doctor, el rico del lugar, o bien, el encargado del orden;
llevando generosos presentes: Pan, alcohol, chocolate y, si las posibilidades
económicas del “pretenso” lo permitían, les “pegaban” (les llevaban regalar)
una ternera, que por supuesto, era de las mejores de la ganadería familiar. La
novia, “distante” escondida en algún discreto local contiguo, escuchaba en el anonimato los iniciales trámites del
“casorio”
...
Estas eran las palabras que fluían de la garganta del aval del pretendiente -a
veces, ya eufórica por lo brindis preliminares de chorreados- quien, después de
pláticas intrascendentes esperaba la oportunidad para “ir al grano” del asunto
que los reunía:
-Pos
sí, don Chencho, ya que Dios y la Virgencita así lo han mandado y los designios
divinos son los de que cada flor, una vez llegado su turno, se convierte en
fruto; ansina los guaches que nosotros “criamos” ya son flores que han de ser
frutos, y en obediencia a estas leyes, y pa’ que haya un lazo que una a nuestras familias, es
voluntá de mi hijo Adulfo, tomar como compañera a Trenidá’ una de las flores
que más perfuman esta su casa. A lo que el futuro suegro -ya por consigna-
contestaba; haciendo menos -con humildad bien intencionada- a su hija:
-No
entiendo cómo su hijo Adulfo, tan trabajador y tan hombre de bien que es, a
pesar de ser tan guache, se fijó en mi hija, siendo que’lla, poco sabe como
mujer que debe ser de hogar...
Luego de reiterados fragmentos del verbo
tradicional empleado para este tipo de ritual y, concertada la boda, seguían
los “chorreados” (chocolate o atole de leche con alcohol), y ya entrados en
parentesco, carcajadas de confianza y promesas de ser una sola familia...
En
la víspera, la “Noche de los nixtamales”, en la casa del novio todo era
movimiento: Los amigos y parientes llegaban ya con maíz, unos, otros con un
becerro, otros más con gallinas… ..y, allí entre la
música de un conjunto de cuerda, las “molenderas” y demás ayudantes, entre
pláticas, trago y faena, pasaban a la “tabla” a interpretar zapateados que
llamaban la atención de los más lejanos vecinos de la población, mientras que
los perros, que husmeaban en busca de restos de comida, suspendían de inmediato
su “quehacer” y temblando, corrían a esconderse bajo las camas de otate al
escuchar los balazos eventuales que las 38 o 45 que los
concurrentes disparaban al aire en especial muestra de infinita alegría por el
futuro acontecimiento. Así transcurría la noche, mientras seguían los
preparativos. En lo alto de la copa de
una parota del corral de la casa, se veía llegar el aviso del astro rey que
anunciaba su victoriosa llegada.
En
la casa, con adornos y todo dispuesto, se esperaba impaciente el aviso de que
salen del templo, que será un “cuete”: señal de que ya vienen... A su entrada,
en compañía de su flamante esposo, la novia un poco tímida y huraña, entra al
que será su nuevo hogar, y los músicos,
con ojos enrojecidos por la desvelada de la noche anterior, retoman ánimos,
para tocarles la marcha “Felicidades” que es el aviso indudable de que la fiesta empezará. Sigue la música,
continúan los regalos; que por singulares merecen mencionarse: Don Chon,
padrino; dice a la novia:
-Hija:
Te traigo este regalo que será tu compañero en todo momento, lo que te dará calidá de señora de hogar, entregándole
un fino rebozo.
-Hijo
mío: tuya es la responsabilidad de cuidar de tu casa y sus bienes. Pa’l hombre
de bien, una pistola, úsala bien, que quien sabe lo que vale una vida, una
honra, un hogar, no la usará indebidamente. ¡Dios los bendiga!
-Adulfo,
aquí te traigo un regalo que no vale gran cosa viéndolo así, pero vale mucho
como principio de la casa que tu construirás. El
regalo consistía en un horcón (sostén de madera para una casa, con horqueta en
su extremo superior) de corazón de cueramo con monedas de plata incrustadas
como principio del nuevo hogar para su familia.
-Hermano:
Yo, poco tengo. Tú lo sabes, pero con mis manos te hice este arado para que
cultives tu parcela…
Así,
entre regalo y regalo, se llegó la hora de la comida; la novia ya cambiada,
ayudaba -labor obligatoria- a las demás mujeres, a servir a los invitados,
mientras su compañero, con mirada cariñosa y pletórica de amor y admiración, la
veía ir y venir, alegre y solícita
FIN
TESTIMONIOS:
Manifiesto con
honesto reconocimiento, haber consultado “El rebozo de soledad” y “El gallero”;
ambas novelas de la magistral pluma del apreciado Dr. Xavier López Ferrer.
Agradezco
la información verbal recibida de Juan Reynoso, Rosita Arellano, Epifanio
Avellaneda, así como Leonarda Peña y a Lencho Valentín; estimados paisanos,
algunos ya fallecidos, a quienes recuerdo con añoranza por aquellos ayeres
gloriosos que compartimos.
Marco
Antonio Bernal Avellaneda.
San
Lucas, Michoacán, 5 de agosto de 2002.